Sobre la fotógrafa
Empecé fotografiando a mi familia con una cámara prestada y revelando en el cuarto oscuro de un amigo. Doce años después, la cámara cambió, el cuarto oscuro se volvió digital y los clientes se volvieron cientos, pero la regla sigue siendo la misma: la foto buena no se explica, se siente. No persigo la pose perfecta ni el filtro de moda; persigo el segundo en que la gente se olvida de que hay una cámara enfrente. Ese segundo no se repite, no se posa y no se compra con equipo caro. Se espera, se mira y se dispara una sola vez. Por eso trabajo con equipos pequeños, sin asistentes que distraigan, y por eso entrego menos fotos que otros estudios: prefiero cuarenta imágenes que duelan de verdad a cuatrocientas que se miran una vez y se olvidan. Si buscas fotos que parezcan de revista, hay muchos estudios que lo hacen mejor que yo. Si buscas fotos que dentro de veinte años te devuelvan exactamente a ese día, con su luz y su gente, entonces sí, hablemos.
Cuéntame tu fecha y tu idea. Si no soy la fotógrafa adecuada para ti, te lo digo y te recomiendo a quien sí lo sea.
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